No había podido conciliar el sueño hasta muy entrada la madrugada cuando ya casi amanecía, los ojos contradictoriamente inocentes y llenos de lujuria del chico aún permanecían en su mente cada vez que cerraba los suyos, aún tenía en su tacto como se habían sentido esos suaves cabellos que apretó entre su mano, en sus oídos aun retumbaban sus dulces gemidos y su voz rasposa por tragar su corrida llamándolo Daddy y su cuerpo aun temblaba como si tuviera una réplica de aquel orgasmo placentero y e