Graham permaneció inmóvil junto a la puerta, con una mano todavía sobre el marco de madera. Su mirada recorrió la sala, deteniéndose en Ian, Lyn, Shyla, Jovana y finalmente en el lobo que al principio no reconoció, pero al verlo mejor se dio cuenta que era Alan, a quién los lobos de la manada Sur estaban buscando.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó de nuevo.
Lyn sintió que el estómago se le hundía, de todos los días, las horas y de todos los momentos en lo que Graham pudo haber llegado a la