Ian caminó hacia la casa con la familiaridad de quien había recorrido ese camino cientos de veces. Había terminado el entrenamiento más tarde de lo habitual y aunque el cansancio pesaba sobre sus hombros, sonrió al recordar que Shyla estaría allí. Desde que Graham le había encargado cuidar de Lyn durante su embarazo, la omega aparecía con frecuencia en la casa para llevar provisiones, revisar que no le faltara nada y asegurarse de que siguiera las indicaciones médicas.
Empujó la puerta principa