No había manera de enojarme, y menos con mis amigas, siempre he estado dispuesta a ayudar, ahora ellas me ayudaron a mí, y el saber que se unieron para eso, me confirmaban que aceptaban y apoyaban mi unión.
—¿Solo como cocino? —algo se le estaba endureciendo.
—Sabes que no, eres mi batidora personal. —solté la carcajada.
—Dile a tu amigo íntimo que no se alegre, porque mañana es nuestra boda y hoy debemos estar castos.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste. —Sus manos apretaron mi trasero y presionó fue