Ya había pasado seis meses de la muerte de mi madurito, hoy era domingo y como siempre esperaba que mis hijos se lavaran los dientes para ir al cementerio. No había un domingo sin faltar, hace dos meses en el cumpleaños de Adara, el cual cayó domingo, vinimos con David. Me pareció tan admirable y al mismo tiempo fue algo extraño, pero me gustaba la extraña amistad que estaba surgiendo.
Me gustaba cómo se quedaba mirándome. «Óyeme, es que es evidente que siente algo por ti, pero calmémonos… o si