No podía dormir. Deacon no dijo nada al respecto, pero tampoco lo negó. Me dio a entender que acerté. Muy seguro esté enfermo, por eso el padre me sugirió aceptar. Era imposible dormir, no dejaba de pensar en lo desencajado que se veía a su regreso cuando pidió un permiso. ¿Blanca lo sabrá? ¿O se lo ha ocultado? Salí de la cama, tomé el acordeón.
Cada vez que sufría de insomnio salía al balcón con el puto frío de la noche capitalina colombiana. Comencé a tocar las notas, las imágenes de mi vida