Isabella intentaba ponerse al día con las cosas de la empresa, la asistente de Diana, su madre, le iba explicando poco a poco, hasta que la puerta de la oficina se abrió y la imponente presencia de la señora Maldonado se hizo notar.
—Buenos días —saludó con cortesía—. Yo me hago cargo Margaret —solicitó a la chica, para que la dejara a solas con su hija.
—Hola, mamá —respondió Isa, y se puso de pie para dejar el sillón de su madre.
—Sigue ahí —propuso Diana—, muy pronto ocuparás ese lugar.