15

POV de ISABELA

No dejé de llorar durante todo el camino de regreso a la casa de los DeLacreux y, en el instante en que el coche se detuvo, abrí la puerta con rapidez.

—Gracias —susurré a Renzo, con la voz casi extinguiéndose.

No esperé su respuesta. Solo quería entrar, desaparecer y envolverme en silencio antes de que mis emociones me devoraran por completo.

Apenas la puerta principal se cerró detrás de mí, Martha salió apresurada desde la sala.

La preocupación se reflejó de inmediato en sus ojos.

—¿Isabela? ¿Estás bien? Dios mío, estás pálida —dijo, acercándose y apoyando suavemente las manos sobre mis hombros.

Al mirar sus ojos —cálidos, maternales— mis lágrimas volvieron a caer sin control.

—Yo… estoy bien —mentí, con la voz quebrada.

Martha me rodeó con sus brazos sin hacer ninguna pregunta.

—Llora si tienes que llorar —susurró—. Lo has contenido por demasiado tiempo.

Mi cuerpo tembló aferrándose a su blusa. Todo lo ocurrido ese día me había drenado por completo.

Martha me guio ha
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