Helene estaba en el alféizar de la ventana, con un cuaderno en la mano tratando de resolver unos ejercicios donde se incluía la fuerza de la gravedad y le estaban costando, cuando sintió que el auto de Itsac se detuvo afuera corrió por el pasillo y hasta chochó con uno de los hombres de seguridad que evitó se cayera por las escaleras rodando como un barril.
— Tenga cuidado señorita — le dijo y Helene le agradeció. El hombre era muy alto, de piel muy oscura.
— Gracias — cuando llegó al prime