SOPHIE
El pasillo del hospital estaba demasiado iluminado a las dos de la mañana.
Las luces fluorescentes brillaban sobre mi cabeza, bañándolo todo en ese blanco duro e implacable que me hacía lagrimear los ojos.
Me senté en una silla de plástico duro que había conocido mejores días, su superficie agrietada clavándose en mi espalda. El contrato descansaba pesado en mi regazo, sus páginas nítidas en marcado contraste con el entorno desgastado.
Mis manos temblaban mientras pasaba cada página, tra