Habían ya pasado los diez minutos, cuando escuché como tocaban a la puerta de mi despacho, viendo a Alejandro abriendo y mirándonos entró antes de que pudiera decirle que entrara.
— Buenos días Valeria, hoy te veo radiante, me alegra haber sido partícipe de tu alegría — me dijo, haciéndome reír.
—- Deja de decir tonterías Alejandro ¿que quieres?¿Cual es el problema que tienes con el acuerdo que hicisteis Ricardo y tu? que yo sepa a mi nunca me dijo que tenía negocios contigo — pregunté.
—- Pue