Se rio de su pregunta y en su lugar le preguntó:
—¿Estás preocupada?
—¡Claro! ¿A quién no le preocupa su seguridad?
Dado lo influyentes que eran los César, pensó que no podría acabar con ellos ni siquiera como jefa de los López.
Ernesto César era un hombre despiadado. Lo demostraba la forma en que accedió en silencio al ataque de Nicolás contra Julio. Definitivamente no era fácil tratar con él.
—¿Por qué aceptaste cenar conmigo, entonces? —inquirió él, al no ver ningún atisbo de miedo en su ros