Ernesto sonrió con complicidad.
—Estaré esperando tus buenas noticias, Julio.
—Sin embargo, ha pasado mucho tiempo. Me temo que no podré averiguar nada —dijo Julio. Tenía la sensación de que Ernesto le estaba encargando esta tarea imposible a propósito, para tener un motivo para atacarle más tarde.
Como si estuviera preparado para su respuesta, Ernesto dijo:
—No te preocupes. Ya he capturado a dos de los asesinos. Te dejaré interrogarlos. No puedes fallarme.
En realidad, ya les había interrog