Sofía tosió, evidentemente incómoda.
De hecho, durante el tiempo que estuvo hospitalizado, Julio la había invitado a salir a menudo y ella siempre se había negado. No creía que ahora fuera a hablar de ello. ¿Tenía que ser tan mezquino?
No dijo nada más. Entonces comerían en la cafetería. La comida era bastante buena, al menos para ella. En cuanto a los gustos de Julio, no era asunto suyo.
—Vi a Ernesto en el hospital esta mañana. Vino a verte, ¿no? —preguntó Sofía, curiosa.
Julio asintió.
—Dice