Juliana finalmente abrió la puerta. Por un lado, tenía miedo de que Rodrigo destrozara la puerta y, por otro, comprendió que, al tratarse de la casa de Rodrigo, él podía abrir la puerta con sus llaves aunque ella se negara a abrir.
—¿Por qué... por qué me buscas? —Juliana le miró de mala gana, con el miedo escrito en el rostro.
Al segundo siguiente, Rodrigo levantó a Juliana, y la sensación de estar suspendida en el aire amplificó su miedo hasta el extremo.
—¡Rodrigo! ¿Qué estás haciendo? ¿Está