Bruno sabía que razonar con ella era inútil y le hizo un gesto para que se fuera.
—El tribunal decidirá su condena. No tengo poder sobre ellos y, aunque lo tuviera, no lo usaría.
—¿De verdad no le vas a dar una oportunidad? —suplicó Paloma. Se había preparado para la crueldad de Bruno, pero aún le dolía el corazón al experimentarla. Después de todo, una vez había amado a ese hombre.
—Acompáñala a la salida. A partir de hoy, no volveré a ver a la señora Cruz. No la quiero en mi casa. —Bruno ya n