Mientras caminaban, no se percataron de que un coche les seguía a cierta distancia. Aunque Julio parecía no haberle dado importancia a esa cena, en realidad estaba consumido por los celos. Por eso no se alejó del restaurante después de dejar a Sofía.
Acabó llegando a la sala de conciertos detrás de ellos, y sólo se detuvo cuando entraron y desaparecieron de su vista.
“¿Qué coño te pasa, tío? Sofía nunca toleraría que la acosaras así”, pensó para sí mismo, frotándose la cara con cansancio.
Despué