Lo primero que se le ocurrió a Sofía al ver las docenas de bombas atadas al cuerpo de Leo fue echar a correr, pero Leo parecía haberlo adivinado ya.
—Te aconsejo que te quedes quieta, o haré explotar estas preciosidades y haré daño a todos los presentes.
Así que Sofía no se movió. Aunque Leo no detonara las bombas, tenía que actuar con valentía para proteger la vida de los demás, o se convertiría en la comidilla de la ciudad durante la siguiente década por cobarde.
—Bien, bien. Veo que sigues s