Teniendo en cuenta que Jaime era amigo de Julio y que ella no había renunciado a perseguirle, Lucía le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo. Para su consternación, Jaime ignoró el gesto porque la miraba por encima del hombro. Enfurecida, se sintió faltada al respeto.
—¿Todos los guadalajareños son así de tercos? —Primero fue Sofía, y ahora era Jaime, que era igual de molesto. Ella también sabía lo obstinado que podía ser Julio.
Jaime se sentó en el banco fuera del quirófano y se rio.
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