Juliana tardó un buen rato en incorporarse. Miró a Rodrigo y Sofía de pie, juntos, como si fueran la pareja y ella la amante.
Una tormenta de emociones recorrió su pecho.
—¡Soy tu prometida, Rodrigo! —Juliana miró a Rodrigo con lágrimas en los ojos, conteniendo su dolor. Pensó que él apreciaría su esfuerzo de los últimos días y que al menos la defendería en ese momento.
Por desgracia, no lo hizo.
Sofía la observaba fríamente, pero la mirada de Rodrigo era aún más fría. Caminó hacia ella y le lev