Bruno había afirmado que la mujer y el hijo que tenía con ella habían muerto, así que decidieron no seguir adelante. Además, optó por casarse con él porque creyó que esa zorra estaba muerta y no suponía ninguna amenaza.
Pero ahora parecía que todo era una mentira de Bruno para dejar vivir a la hija de la zorra.
—¡Cuida tus palabras! Estás hablando de mi hija—respondió Bruno con frialdad, mirando a Paloma con extremo desagrado.
Con el paso de los años, Paloma había sido testego de la despiadad