—Abuelo.
Fabián ignoró a Sofía, y Sofía tampoco se molestó en prestarle atención. Miró al anciano que estaba sentado cerca y caminó hacia él con una sonrisa.
El anciano asintió, sonriendo.
—Sofía, hace mucho tiempo que no me visitas.
—Sabes que estoy ocupada. Por favor, no te enfades conmigo.
Sofía le devolvió la sonrisa.
Los dos se llevaban muy bien.
Un extraño habría pensado que Sofía seguía siendo su nieta política.
—Lo comprendo. Claro que no estoy enfadado contigo.
Rafael no estaba