Amalia miró la cara herida de Daniela y dedujo que ella tampoco lo estaba pasando bien.
En ese momento, no sabía qué hacer con ella.
—Puedes irte y no vuelvas a aparecer delante de mí. Investigaré lo que acabas de decir. Si faltaras un ápice a la verdad, no lo dejaría pasar —advirtió Amalia.
—Niña, ¿qué te ha hecho pensar que tienes lo que hay que tener para venir a por mí? ¿Quién te crees que eres? —se preguntó sarcásticamente, pensando que a la gente de hoy en día le gusta hablar mucho.
Si