El dolor y el arrepentimiento se mezclaban. Estaba pensando en bajar a comprar medicinas cuando oyó pasos acercándose a la puerta otra vez.
Miró y vio a Julio.
—¿No te habías ido?—dijo muy sorprendida.
—Sólo tengo analgésicos. No tengo nada para ayudarte con el estómago. Puedes tomar esto por ahora—dicho esto, le entregó las pastillas y le dio con delicadeza un vaso de agua tibia.
A Sofía no le importaron las medicinas que tenía. Las tomó y se las tragó.
Diez minutos después, se sentía