Dante llevó a Sofía en su carro hasta Orihuela.
—Gracias por lo de hoy—le agradeció Sofía una vez más.
—Ya me has dado las gracias un montón de veces. No hace falta que seas tan cortés conmigo. Dante fingió estar molesto.
—Si quieres darme las gracias, invítame a comer. No olvides que me lo prometiste.
Sofía afirmó con la cabeza.
—De acuerdo. Cumpliré mi promesa.
—Anda, entra. Descansa un poco —insistió Dante.
Antes de que ella se alejara, él dijo:
— Pedí algo de comida para ti.