—No puedo, Daniela —Sergio frunció el ceño. Como miembro de la familia Llan, debía tener fe en su empresa familiar en medio de la confusión.
Daniela lo fulminó con la mirada.
—Si no los vendes ahora, no tendrás nada cuando la empresa se liquide. ¿Es eso lo que quieres?
Sergio permaneció en silencio.
—Véndelos, Sergio. Podemos usar el dinero para construir nuestra propia empresa, solo nosotros dos como directores. ¿No sería mejor? —Finalmente reveló sus motivos. Había perdido la esperanza des