Sofía presenció cómo Julio se alejaba de su vista, con lágrimas ardientes en los ojos. Se las secó antes de que cayeran y entró en su apartamento.
Felipe se quedó en un rincón, observando la escena y sintiéndose extremadamente incómodo. Jamás había esperado que los dos rompieran sólo porque él se quedara a cenar en casa de Sofía. Tampoco esperaba sentirse tan mal al ver cumplido su objetivo inicial.
—¿Estás bien? Te prometo que no lo hice a propósito—murmuró, rehuyendo los ojos de Sofía.
Ella