Felipe parecía ajeno al disgusto de Sofía. Continuaba sonriendo mientras decía: —No, no. Te has expresado muy claramente y te he escuchado perfectamente.
—En ese caso, ¿por qué sigues acercándote a mí? —preguntó Sofía, sin entender realmente qué pasaba por su mente.
—Tienes todo el derecho a rechazarme, pero yo tengo derecho a seguir gustándote. No puedes controlar lo que mi corazón desea—dijo Felipe, sonriendo y dando la impresión de que estaba decidido a seguir interesado en ella, pase lo q