El entrenador echó un vistazo a Eva, quien estaba cerca, y la reconoció.
—¿Te refieres a la señorita Llan? Ah, sí, lo sé. Mi amigo es su entrenador personal y tienen una buena relación. Incluso salen a comer juntos con frecuencia —dijo, enfatizando en la palabra “comer”. Sofía comprendió de inmediato lo que quería decir.
Una vez más, sacó algunos billetes de su bolso y se los entregó en voz baja, diciendo:
—Tráelo aquí, pero asegúrate de que esa señora no se dé cuenta.
—De acuerdo, cuenta conmig