—Mariana, di algo, no me asustes.— Sofía estaba un poco nerviosa al ver la expresión sombría de Mariana y su silencio prolongado. No sabía qué había sucedido, pero la preocupación aumentaba por no conocer los detalles.
Mariana soltó una risa fría y, sin querer jugar a las adivinanzas con Sofía, preguntó directamente: —En realidad, ¿no me trajiste aquí para ver al niño, verdad?
—Mariana...
—Desde el principio, ¿no fue idea de Antonio? ¿Él quería comprometerse con los Alvarado y encontró una excus