Antonio acababa de salir de la ducha cuando escuchó un golpe en la puerta. Al abrirla, vio a Mariana parada en el umbral. En ese momento, ella también se había cambiado, llevaba un delicado camisón rosa, y sus piernas largas y blancas se mostraban así, sugiriendo una elegancia primaveral sin fin.
Antonio apartó la mirada y la miró directamente,
—¿Pasa algo?
—T-tengo... algo— Mariana estaba muy nerviosa, —la luz de la habitación de repente tuvo un problema, ¿puedes echarle un vistazo?
—Claro. —A