Una hora después, Sofía estaba tumbada en la cama, mirando al hombre a su lado con resentimiento.
—Todo es culpa tuya, ahora ni siquiera he comido.
—No te enfades, no te enfades. Voy a preparar algo ahora mismo. —Julio se levantó de la cama, se vistió rápidamente y bajó a la cocina.
Sofía, aunque se quejaba de Julio, no estaba realmente culpándolo. Solo se sentía un poco avergonzada. Nunca imaginó que algún día llevaría una vida tan desinhibida con Julio.
Permaneció en la habitación por un rato