Sofía había visto el mensaje de Julio, pero no contestó. No sabía qué decir. No quería prestarle atención y mucho menos perdonarle.
Cuando pensó en Julio viviendo enfrente de su casa y encontrándoselo cada vez que abría la puerta, gritó para sus adentros. Se levantó de golpe de la cama y empaquetó toda su ropa. No podía seguir allí.
Al día siguiente, cuando sacaba la maleta de casa, se encontró con Julio. No pudo evitar quejarse de su mala suerte. No le miró, quería marcharse. Pero la mirad