En la mesa, los tres disfrutaban de la comida en un ambiente armonioso.
Cuando Rafael escuchó que ambos planeaban ir a Atenguillo al día siguiente, se ofreció a unirse, pero Julio no estaba muy de acuerdo.
—Abuelo, mejor quédate, es muy lejos— expresó Julio, preocupado por el viaje en coche y la salud de Rafael.
Rafael entendía la preocupación de Julio, pero estaba decidido esta vez.
—No puedo perderme esta oportunidad. Si no voy ahora, puede que nunca tenga la oportunidad de hacerlo en mi vida