Guadalajara. Sofía y Julio salieron del aeropuerto y se subieron al automóvil que Manuel había enviado para recogerlos.
—Señorito, señorita— saludó Manuel con una sonrisa.
Sofía se quedó momentáneamente atónita, sintiendo que la forma en que la llamó “señorita” era a la vez familiar y extraña.
—Manuel, aún no nos hemos casado, llámame Sofía está bien.
—Tú siempre has sido la señorita de Los César. Aunque hubo algunos contratiempos antes, ahora todo ha vuelto a la normalidad. Claro que te llamar