Tiago sonrió.
—Lo sé, estás enamorada de ese Julio, ¿verdad? No sé qué tiene de especial para que te guste tanto.
—Sospecho que tú nunca entenderías— respondió Sofía con escepticismo. Para alguien que creció en la familia Castañeda como Tiago, era improbable que entendiera lo que era el amor.
Su suposición estaba en lo cierto: él no lo entendía, y no quería entenderlo. Si el amor lo llevara a ser como Teodoro, prefería no tenerlo en absoluto.
—Dejemos de bromear, he venido a invitarte a cenar—