—Sí, señora —respondió Julio obedientemente como un colegial.
Sintiéndose derrotada, le regañó un poco y colgó.
Guardó el teléfono y decidió relajarse, ya que Sofía se había enterado de la verdad. Se dirigió a su estudio, encendió las luces y se puso a trabajar. Lo comprobó: era de Sofía.
—¡Descansa pronto!
Levantó la mirada y la vio de pie junto a su ventana, mirándole fijamente. No tuvo más remedio que abandonar el estudio.
Esta vez, se fue a descansar al dormitorio en lugar de trabajar.
No es