Julio se despertó sediento en mitad de la noche y, cuando intentó sentarse a buscar agua, despertó a Sofía.
—Deja de moverte —dijo ella—. Sólo dime lo que quieres.
—Agua —murmuró con voz ronca.
Le sirvió un vaso de agua tibia, pero mantuvo el vaso en la mano.
—No puedes beberte todo el vaso de agua de una vez. Te limpiaré los labios con bastoncillos de algodón húmedos. ¿De acuerdo?
Julio no podía dejar de sonreír mientras asentía con la cabeza.
—Claro.
Con Sofía cerca, su sed de repente no le pa