El ambiente se volvió solemne al instante.
Liliana sonrió de repente y señaló al exterior.
—Vamos a charlar. Os invito a unos batidos.
Sofía miró a María, que estaba igualmente estupefacta, pero no se opuso.
—De acuerdo.
Liliana pagó el vestido que se había probado y entraron en la tienda de batidos de la planta baja.
Sofía no recordaba la última vez que había tomado un batido. La mayoría de las veces tomaba café en su lugar porque los batidos le parecían demasiado dulces para su gusto.
Fue ento