Quizá había reprimido sus sentimientos durante demasiado tiempo.
Sofía no sabía lo que se le pasaba por la cabeza.
Cuando Julio se dispuso a marcharse, ella tiró de él y le besó en los labios. Sintió que se había vuelto loca.
Pero entonces Julio la apartó y la miró fijamente a los ojos.
—¿Sabes lo que estás haciendo?
—No lo sé. No sé nada en absoluto.
Ella tampoco quería saber, ni pensar. Sólo seguía a su corazón.
—Tendrás que recordar que tú lo buscaste.
Antes de que Sofía pudiera responder, Ju