39. IMPERDONABLE
HELLEN
—No, no no dámelo— suplico estirando los brazos, cansada y sola— déjame verlo.
Siento que las lágrimas me caen mezclando la sal en mi boca seca, tanto como el corazón que se me rompe porque me duele todo pero no tanto como haber traído a un ser humano al mundo, a mi hijo, al que esté maldito no me deja cargar
—¡Me duele!— siento punzadas en las caderas— déjame ver a mi hijo te lo ruego.
Grito sintiendo lastima por mi y dolor por el bebé que he expuesto a esta situación gracias a mi pas