EMMA
Camino de un lado a otro en la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho y el corazón latiéndome tan fuerte que podría jurar que Melissa también lo escucha.
El suelo de madera cruje bajo mis pies, y las paredes de esta cabaña, tan acogedoras hace unos días, ahora parecen demasiado estrechas. Siento como si el aire no fuera suficiente para calmar el remolino de pensamientos que me atraviesan.
¿Qué estoy haciendo? Me detengo frente a la ventana y apoyo la frente en el vidrio frío. El