EMMA
La salida de mi edificio se convierte en una especie de campo de batalla.
Apenas abro la puerta principal, el estallido de cámaras y micrófonos apuntando en mi dirección me deja congelada. No sé cómo algo tan privado, algo que pensé que quedaría enterrado en los tribunales, ha terminado siendo un espectáculo público.
Los periodistas lanzan preguntas a diestra y siniestra, muchas de ellas tan personales que siento como si fueran cuchillos que cortan cada capa de mi dignidad.
—¡Emma, mira