Emma
Me duele todo el cuerpo.
No sé si es por los golpes o por el agotamiento de haber corrido tanto, pero el dolor físico palidece en comparación con lo que siento dentro.
Estoy sentada en una banca del parque, el aire frío me corta la piel mientras trato de calmar los latidos de mi corazón.
Mi labio sigue hinchado, y el sabor metálico de la sangre aún me llena la boca.
Debería irme, buscar un taxi, pero no tengo fuerzas.
Estoy en shock. Quiero llorar, pero ni siquiera me salen las lágrimas