capítulo 92: Pronto seremos libres .
Ivy entró en su habitación y cerró la puerta, apoyando la espalda contra la madera tallada. El silencio de la estancia ya no era el vacío opresivo de una celda, sino una pausa necesaria para procesar el torbellino de emociones que acababa de desatarse en el despacho.
Se miró en el espejo del tocador. Su reflejo le devolvió la imagen de una mujer que apenas reconocía: el cabello corto, los ojos encendidos y esa extraña mezcla de determinación y vulnerabilidad que solo el amor verdadero (o el per