Divino

Ojos verdes, grises o azules, no lo podía distinguir, pero eran tan profundos e inquietantes, un rostro sin poros, perfecto, piel blanca cual muñeco de porcelana, sus labios eran rojos como la sangre y en la comisura izquierda había un piercing, delgado, cabello negro que le caía a los hombros, un look muy de moda en los rockeros. Lo que me hizo pensar o alucinar (por efectos del vodka) que estaba frente a Andy Biersack

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