Aquella persona cuelga bruscamente y siento una punzada de frustración al mirar mi celular. Decidido, dejo atrás la fuente de mi disgusto y me dirijo directamente a la oficina de mi padre. Al entrar, lo encuentro en plena conversación con uno de sus empleados. Sin embargo, mi expresión de preocupación no pasa desapercibida para mi padre, quien, comprendiendo la gravedad de la situación, le indica rápidamente a su empleado que salga de la habitación.
— Tienen secuestrada a Isabella — suelto sin