POV de Mathilda
El aire de la tarde se adhería suavemente a mi piel cuando el coche negro se detuvo frente a un gran portón de hierro. Columnas de mármol blanco se alzaban al final del camino de entrada; detrás de ellas, una mansión con altos ventanales de vidrio permanecía en silencio, como si me observara de vuelta, muda pero cargada de secretos.
Enzo abrió la puerta para mí.
—Ya hemos llegado —dijo con tono breve. Su sonrisa era delgada, casi formal.
Salí del coche, contemplando la casa que