Alaia estaba sentada en su pequeño consultorio, el aire estaba impregnado del olor de hierbas secas y fórmulas recién preparadas.
Se había decidido a concentrarse en su trabajo, y a olvidar la desconcertante visita el día anterior de Nolan y la chica escandalosa que lo había acompañado.
Con cada mezcla que agitaba, trataba de ignorar la agitación interna que la carcomía.
"Tienes que enfocarte", se repetía a sí misma, aunque su mente la traicionaba constantemente.
Esa misma mañana, una de las