Perspectiva de Annabel
—Desvístete, Natalia.
—No —susurré, con las lágrimas corriéndome por la cara—. Para esta locura, Myron.
—¡No! ¡No voy a parar! —su voz se elevó aún más mientras me miraba con los ojos abiertos de par en par—. ¿Por qué debería ser yo quien lo haga? ¿Acaso no te advertí que nunca te vieran cerca de ese hombre de nuevo? ¿Qué hiciste? ¡Descartaste mis advertencias! ¡Me tomaste por un tonto!
—Por favor... —temblé—. Por favor, Myron... te dije... —sollozé—. Fui con él por los n